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ENTREVISTAS | JAMES IFFAND | FECHA DE PUBLICACION: 10/07/2006
Los surcos profundos de Roque Dalton
 
James Iffland, profesor de literatura española y latinoamericana de la Universidad de Boston, en los Estados Unidos, y autor de Quevedo and the Grotesque (1978 y 1982), y Ensayos sobre la poesía revolucionaria de Centroamérica (1994), visitó Cuba recientemente, esta vez, tras las huellas de Roque Dalton. “La poesía de Roque está viva porque cuestiona el papel del intelectual en la sociedad, el poder, y un montón de temas que siguen siendo muy actuales”.

Por
Idania Trujillo de la Paz
James Iffland, profesor de literatura española y latinoamericana de la Universidad de Boston, en los Estados Unidos, y autor de Quevedo and the Grotesque (1978 y 1982), Ensayos sobre la poesía revolucionaria de Centroamérica (1994) y De fiestas y aguafiestas: risa, locura e ideología en Cervantes y Avellaneda (1999), visitó Cuba recientemente, esta vez, tras las huellas de Roque Dalton. Músicos, cineastas, poetas, sociólogos, teatristas y gentes que conocieron a Roque durante el tiempo que vivió en esta Isla, le ayudaron a reconstruir el rompecabezas de la vida del hombre, el irreverente poeta, el poeta “rojo”, que supo combinar esas dos inmensas pasiones: la literatura y la revolución.

Iffland, norteamericano de origen italiano que, por fortuna, habla un perfecto español es reconocido en el mundo académico internacional por sus estudios sobre el Siglo de Oro español y, en especial, específicamente por sus eminentes estudios alrededor de la obra de Miguel de Cervantes Saavedra. Detrás de sus espejuelos se ocultan unos inteligentes ojillos acostumbrados a rastrear historias en bibliotecas y archivos, tal vez, los mismos que hoy reciben toda la luz de esta Habana tantas veces recorrida por Roque, amada y bendecida, donde tuvo amores y amigos, y compartió el sueño de la Revolución.

Se me antoja que Don Quijote y Roque tienen más de un punto de contacto, ¿qué opina usted?

Don Quijote es un hombre que busca la justicia y ayuda a los débiles; es un hombre que ve que el mundo está mal y trata de corregirlo y ahí entra la ambigüedad, porque intenta hacerlo de una forma loca y muchas veces percibe mal las circunstancias que lo rodean.
Salvando las distancias, entre un personaje de ficción, Don Quijote, y otro de la vida real, poeta y ensayista, Roque Dalton, ambos comparten esa misma sana “locura” de entregarlo todo por sus ideales, y de creer que “los molinos” pueden ser derribados.
Creo que, por otra parte, ambos son parte de la conciencia colectiva de la humanidad. El Quijote, como obra literaria, trasciende la lengua española. Creo que es la obra más traducida de la literatura mundial y, después de La Biblia, es la más editada en el mundo entero; se lee en todas partes y despierta un interés total. Su personaje principal despierta también gran simpatía. Y qué decir de Roque, un hombre que vivió, amó y se entregó a la lucha desde la literatura y la vida misma. Roque, fue un Quijote de su tiempo, tal vez, un Quijote marxista.

¿Cómo conoció la poesía de Roque?

Mi amigo Roberto Márquez, que había estado en Cuba y por los años sesenta conoció a Roque, me invitó a participar en una lectura de textos de poetas latinoamericanos que hacían una poesía comprometida. Todos escuchábamos con atención, con seriedad; pero en ese instante comenzó a leer los poemas de Roque y reímos por primera vez. En ese instante comprendí la exacta dimensión de la poesía de Roque, comprometida pero llena de frescura, humor, sarcasmo, desacralizadora e irreverente…
A partir de ahí comencé a estudiar su poesía. De hecho mi primer ensayo -Hacia una teoría de la función del humor en la poesía revolucionaria: A propósito de Roque Dalton, publicado a inicios de los 90, que se encuentra en la biblioteca de Casa de las Américas- trató sobre esa manera irónica, humorística, sarcástica que tenía Roque de ver la vida.

¿Su interés por la obra de Roque ha estado ligado sólo a una motivación profesional?

La verdad, conocí toda la obra de Roque por los años ochenta. En esos momentos trabajaba con los movimientos de solidaridad en El Salvador y Nicaragua, y participaba en las manifestaciones, talleres, mesas redondas; incluso, como cooperante, coseché café en Nicaragua, entre diciembre de 1984 y enero de 1985. En esa época sentí la necesidad de acercar lo que hacía en las aulas, lo que estaba enseñando como profesor, lo que estaba investigando, a lo que sucedía en las calles. Resulta esquizofrénico vivir la experiencia de las aulas sin conexión con la realidad, con tus propias ideas.
De modo que el proyecto de escribir sobre Roque fue naciendo, en parte, como resultado de la necesidad de juntar esas dos esferas que, a veces, se distancian. Comprendí la necesidad de hacer un estudio global de la vida y la obra de Roque, sólo que por determinadas circunstancias he tenido que postergar el proyecto.
Finalmente en este 2006 tengo el tiempo suficiente para investigar, leer y entrevistar a mucha gente que conoció a Roque en El Salvador, Cuba y en otros sitios. Todo eso complementa la labor que he estado realizando muy concienzudamente durante algún tiempo. De hecho, mi viaje a Cuba forma parte de este empeño.

En «El desafío de Roque Dalton» un artículo publicado en la Revista Sudestada usted escribió: «A los treinta años de su asesinato, Roque Dalton sigue desafiando. El desafío mayor es determinar la verdadera naturaleza de su legado». ¿Qué nos dice hoy Dalton como poeta y cómo revolucionario comprometido en un mundo lleno de nuevos desafíos y cruentas desigualdades?

Justamente de esto he hablado con mucha de la gente a la que he entrevistado en Cuba y en El Salvador. Hay un legado vigente en Roque. Lo que sucede, como menciono en se artículo que ustedes han citado, es que hoy existen muchos intentos de apropiarse de la figura de Roque, y claro la tendencia mayor está dirigida a despolitizar su obra; es decir, a estudiar a Roque como poeta, estudiar sus metáforas, sus símiles, sus imágenes, y desentenderse del intelectual revolucionario y comprometido con su realidad que fue. Esa es una corriente muy fuerte que trata de imponerse y apela a todos los medios posibles.
En El Salvador donde hoy día se vive un momento muy especial -luego de doce años de una guerra terrible- me he dado cuenta que, incluso allí mismo, en el país por el que murió, hay cierta tendencia a olvidar al Roque comprometido. En los Estados Unidos también hay cierta tendencia a tratar de olvidar al Roque marxista.
En su momento, Roque Dalton creía que la lucha armada era la única forma de conseguir el cambio social en Centroamérica, en El Salvador, en medio de sistemas absolutamente represivos donde los pequeños gestos en dirección a una vaga democracia electoral eran rápidamente aplastados por la clase dominante, la clase en el poder. A finales de los sesenta e inicios de los setenta Roque hizo una profunda mirada a la realidad de su país y de América Latina y llegó a la conclusión que la única forma de arreglar la situación era mediante las armas. Eso lo pensaba en aquel momento, pero lo verdaderamente interesante sería preguntarse qué estaría pensando ahora, qué estaría planteando ahora Roque Dalton para llevar adelante la causa revolucionaria. Me parece que entendería que la guerrilla urbana, la guerrilla en la montaña, es ahora, quizás, el camino menos lógico, menos útil para el cambio social…

Roque incursionó en el ensayo donde también dejó un pensamiento profundamente cuestionador; sin embargo es en su poesía -transgresora tanto desde el punto de vista literario como político-, donde se aprecia con mayor nitidez esa manera de pensar y reflexionar sobre su realidad. Como investigador de la vida y la obra de Roque, ¿cómo calificaría su poesía, cree que ella todavía dialoga con el presente?

Quizás por ahí existan quienes no estén de acuerdo conmigo, pero creo que la base, o mejor dicho, la parte más rica de la obra de Roque es efectivamente su poesía. Sin dudas, fue un tremendo poeta a muchísimos niveles. Por eso entiendo a mis colegas que hacen esfuerzos por destacar sólo esta parte de su obra, dejando fuera el contenido político. También es cierto que muchos poemas que escribió no tienen nada que ver con el mundo político, son poemas de amor, de angustia existencial -porque Roque como todo el que ha recibido una educación religiosa, nunca pudo resolver del todo su catolicismo y su pensamiento marxista-. Y esa dicotomía marcó toda su vida. Él no fue un creyente convencional pero algo dejaba traslucir en su espiritualidad.
Uno de sus interlocutores más importantes fue Ernesto Cardenal. Roque escribió un poema que se llama «Los hongos», una especie de confesión imaginaria a un gran tipo, profesor suyo del internado de San José, -el colegio jesuita donde estudió- que es una especie de confesión. Al final dice, más o menos, “es una confesión pero no pido absolución”. En ese poema se enfrenta a los vestigios de su propio catolicismo.
En la poesía de Roque Dalton conviven, armónicamente, una ideología política y una apasionada existencia. Su vida dejó muchas lecciones. Una de ellas fue que los revolucionarios no son robots, sienten amor, depresión, desazón, se preocupan por su familia, por las relaciones de pareja. Todos esos sentimientos están en su poesía porque para él poesía y vida eran una misma cosa. Por el contrario, existe cierta literatura comprometida que presenta al revolucionario como un ser humano perfecto, sin contradicciones…
La poesía de Roque, de altísima calidad, nos abre una ventana para conocer el mundo interior de alguien que está totalmente comprometido y no hablo de alguien sentado en una butaca, sino de un hombre que dio su vida por lo que pensaba. Él mismo, muchas veces, se refería a su propia poesía como la forma que tenía para explorar los intersticios del compromiso.
Creo que la izquierda internacional muchas veces se ha jodido, se ha saboteado a sí misma al dar la impresión de que para ser buen activista, un luchador, un buen revolucionario, uno tiene que ser una máquina, y las máquinas se desgastan y los procesos también. La poesía de Roque está viva no sólo por su carácter innovador y “transgresor”, como ustedes dicen, sino porque cuestiona de una manera irónica, si se quiere sarcástica pero muy lúcida, el papel del intelectual en la sociedad, el poder, y un montón de temas que siguen siendo muy actuales.

El tiempo que Roque vivió en Cuba coincidió con el momento de su mayor producción como escritor, que lo lleva, incluso, a obtener el Premio Casa de las Américas…

Roque vivió en Cuba en dos momentos. El primero fue a principios de los años sesenta y luego a fines de esa misma década. Creo que el Roque que conocemos no hubiera sido el mismo sin ese tiempo que permaneció y entró en contacto con Cuba, con el proceso revolucionario cubano y con su proyecto cultural. Él mismo lo admitió en el sentido de que la Revolución Cubana le dio todas las condiciones materiales, ideológicas y también espirituales —utilizo el termino “espiritual” para referirme a esa manera tan propia y auténtica de asumirse como persona y como creador— que fue muy importante para él y para la obra que produjo en esos años.
Al hablar con una docena de personas —con las cuales he tenido entrevistas y a las que quiero expresar mi más sincero agradecimiento—, me he dado cuenta que Roque no dejó huellas en Cuba, como se suele decir, sino una especie de surco profundo. Y eso me ha impresionado mucho de todos los testimonios recogidos para mi investigación.
Roque fue asesinado hace más de 30 años. Cuando uno intenta conversar sobre el pasado de una persona importante como lo fue, sin dudas, Roque Dalton existe cierta tendencia a idealizar y a ver al genio, apreciar sólo el lado positivo; sin embargo en estos días he sentido que a ese tipo lo amaban, lo amaban realmente. Incluso, mucha gente ha llorado al hablar de Roque. Su muerte fue algo tremendo… Me han hablado del momento en que conocieron la noticia y es una herida que ha quedado abierta hasta el día de hoy.

Creo que la gente rescata la figura de Roque como un creador brillante, un hombre simpático, bromista. Le reconocen méritos y defectos pero, sobre todo, aprecian su obra como algo vivo, que deberíamos conservar, no como pieza de museo perteneciente a una época que ya no tiene nada que ver con nosotros —eso sí le daría mucha rabia a Roque—, sino para ser leída y conocida por los jóvenes de estos tiempos.
Con mi proyecto quiero rescatar, en la medida de lo posible, ese legado poético y político de Roque, es decir, rescatar esa semilla para ser plantada hoy. Yo veo a Roque mirando el futuro.
La historia reciente de gran parte del mundo nos señala que si hubieran existido más personas como Roque, el movimiento revolucionario internacional no hubiera sufrido los contratiempos de los últimos quince o veinte años. Y en este sentido lo que quiero es hacer una especie de manual del pensamiento de Roque que sirva para el futuro porque la historia es para siempre y vamos a enfrentar problemas graves durante mucho tiempo.

¿En cuanto al libro, cómo lo ve, cómo lo sueña?

Muchos de los que he entrevistado en Cuba me preguntan ¿cuándo sale el libro? Les he explicado que mi forma de trabajar es bastante metódica. Paso mucho tiempo leyendo, investigando, luego, descarto lo que no me sirve y trato de hacer justicia a los estudios más importantes. Después empiezo a escribir, tengo bastante autodisciplina, y soy capaz de producir el primer borrador rápidamente.

Para ir al meollo de la pregunta mi problema es que, a diferencia de otros colegas, quiero hacer un estudio abarcador, porque existe una tendencia a dividir, parcializar y fragmentar su obra. De modo que mucha gente trabaja sobre el testimonio, o mira al pobrecito poeta. Nadie se ha puesto a estudiar seriamente toda su obra de teorización política, histórica, político-militar —que es el término que él usaba— y justamente he estado llenado algunas lagunas en Cuba.
Si no miramos este lado de la obra de Roque, terminamos por hacernos una imagen falsa de su persona, incluso de Roque como poeta. Ya les digo, la tendencia actual es a celebrarlo como gran poeta y como una figura bohemia, que es cierto que también lo fue.
No se puede negar que le interesaban las mujeres, vivía una vida pintoresca en muchos sentidos, pero justo el otro día estaba hablando con Fernando Martínez Heredia —que por cierto ha sido uno de mis interlocutores más importantes— y me decía que Roque, efectivamente bebía, se interesaba por las mujeres, pero era un tipo con una ética de trabajo impresionante. Y es cierto. Si uno mira lo que Roque produjo antes de irse a la guerrilla, incluso algunas cosas que estaba haciendo cuando estuvo clandestino, perseguido, fueron obras de un nivel intelectual, de una densidad y una profundidad, de una importancia teórica impresionante. ¿Cómo iba a producir eso un tipo totalmente alocado y sin disciplina, un bohemio?
Aída Cañas, su viuda, que vive en La Habana, con quien tuve una entrevista muy importante, muy fértil, que nos dejó a los dos agotados, me contaba que Roque era famoso en el barrio porque se pasaba toda la noche tecleando en su maquinita y por la mañana se levantaba e iba, disciplinadamente, a su trabajo a Casa de las Américas. Incluso después de muerto, mucha gente recordaba el eco de la máquina de Roque sonando en medio de la calle J del Vedado habanero.
Toda esa parte de su obra y de su vida hay que mirarla. Se dan cuenta del “rollo” en el que me he metido. Todavía no he decidido cómo quedará, definitivamente, el libro. Y eso me va a llevar bastante tiempo. Mi propósito es hacer lo que Roque merece. Entonces mi meta es tener un borrador para el otoño del año 2007, aunque tampoco me voy a poner una fecha límite, porque no quiero defraudar a toda la gente que me ha ayudado en el proyecto.
Estamos hablando de un tipo que al que le faltaban tres días para cumplir los cuarenta años cuando lo mataron. Al conversar con tanta gente y leer lo que escribió, tengo la sensación de que estoy estudiando a un hombre que vivió ciento veinte años comprimidos en sólo cuarenta. Roque era muy sociable, se conectaba bien con la gente de cualquier lugar del mundo: pintores, escritores, cineastas, teatristas, políticos y gente común. Otra parte que quisiera incluir en mi libro es su correspondencia que quisiera reunirse antes que desaparezca.
Volviendo a la pregunta, el principal tema del libro es el legado que está en la obra de Roque. Escribir una biografía con todo el material recopilado sería muy ameno, como por ejemplo, contar anécdotas sobre la propia noticia de la muerte de Roque, que son terriblemente dolorosas, ni siquiera la obra más trágica de ficción puede compararse con la historia real de Roque Dalton. Lo que he dicho a todas las personas a quienes entrevisté es que no voy a publicar sus testimonios sino que ellos me servirán para comprender aspectos de la vida de Roque. Tengo que confesar, ciertamente, que es también muy tentador escribir su biografía.

Sabemos que el cine, el teatro, la escena en general, fueron pasiones en la vida de Roque…

Esa es otra pata coja en los estudios sobre Roque. Y como dicen ustedes él se interesó mucho por el teatro y los espectáculos. A finales de los sesenta y principios de los setenta en esa segunda estancia en Cuba, Roque se interesó mucho por el teatro, por el mundo de los espectáculos, siempre buscando la beta política. De hecho era un fanático de Bertolt Brecht, para él uno de los pensadores más profundos no sólo del arte y del teatro en particular, sino de la cultura revolucionaria en general. Para Roque, Brecht era un paradigma.
Organizó varios espectáculos en Cuba. Uno de ellos se llamó Caminando y cantando. Sobre esta faceta creativa de la vida de Roque me contó Miriam Lezcano. Claro, no son obras de teatro como tales, porque no hay una trama, sino más bien pequeños interludios conectados, que exploran, de alguna manera, sobre la realidad latinoamericana para concientizar a la gente y en principio incluía música de la Nueva Trova.
También adaptó para el teatro algunos fragmentos de su obra Las historias prohibidas de Pulgarcito, una especie de reflexión en forma de collage sobre la historia de El Salvador. En el caso de Caminando y cantando se presentó durante tres meses en Ciudad de La Habana y luego recorrió varias las provincias.
Roque se interesó por la técnica del montaje cinematográfico y en algunas de sus últimas obras se aprecia cierta influencia en este sentido. Si hubiera podido vivir más tiempo lo imagino dando el salto de la literatura al cine. Tal vez lo ha dado, de cierta forma, a través de su hijo Jorge, que ha realizado varios documentales y cortos…

¿Cómo Jorge y Juan José Dalton acogieron su proyecto?

—Gracias a ellos, a todas las personas que he conocido en Cuba y, en especial al Centro Pablo, he podido hacer posible este sueño. Los hijos de Roque me abrieron sus archivos familiares donde están las versiones finales de sus obras, cartas, fotos y otros documentos. Debo decir que estos muchachos son muy generosos. Cualquier persona puede consultar el archivo porque ellos han hecho fotocopias para una institución muy importante en El Salvador, el Museo de la palabra y de la imagen.

Pero tal vez sea mejor, para cerrar esta entrevista, que el lector aprecie cuál era el credo de Roque sobre el Che, que fue también el credo que lo hizo tomar el camino de las armas para luchar por la revolución en El Salvador y estar, siempre, a la izquierda de los hombres.

El credo del Che

(Roque Dalton)

El Ché Jesucristo
fue hecho prisionero
después de concluir su sermón en la montaña
(con fondo de tableteo de ametralladoras)
por rangers bolivianos y judíos
comandados por jefes yankees-romanos.
Lo condenaron los escribas y fariseos revisionistas
cuyo portavoz fue Caifás Monje
mientras Poncio Barrientos trataba de lavarse las manos
hablando en inglés militar
sobre las espaldas del pueblo que mascaba hojas de coca
sin siquiera tener la alternativa de un Barrabás
(Judas Iscariote fue de los que desertaron de la guerrilla
y enseñaron el camino a los rangers)
Después le colocaron a Cristo Guevara
una corona de espinas y una túnica de loco
y le colgaron un rótulo del pescuezo en son de burla
INRI: Instigador Natural de la Rebelión de los Infelices
Luego lo hicieron cargar su cruz encima de su asma
y lo crucificaron con ráfagas de M-2
y le cortaron la cabeza y las manos
y quemaron todo lo demás para que la ceniza desapareciera con el viento
En vista de lo cual no le ha quedado al Ché otro camino
que el de resucitar
y quedarse a la izquierda de los hombres
exigiéndoles que apresuren el paso
por los siglos de los siglos
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