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ARTE & CULTURA | ENTRE CORTAZAR Y OBAMA | FECHA DE PUBLICACION: 15/02/2008
La negra Marylin Monroe
 
Un texto escrito por el erudito sociólogo boliviano Jorge Komadina, sobre la “blonditud” de Marilyn Monroe y otras (falsas) rubias del glamoroso universo hollywoodiano, circula hoy en la versión electrónica de la revista literaria “AtaralaratA” que edita en Cochabamba el escritor Antonio Mayorga Ugarte, otrora editor de renombradas publicaciones libertarias como “Quimera” y “El Grito”.

Por
Wilson García Mérida
(Datos & Análisis) Nos llegó al email una buena noticia, con link incluido: Coco Mayorga, director de la revista literaria “AtaralaratA”, publicación que lleva ese nombre en homenaje a un palíndromo cortaciano, ya circula en Internet mediante un blog elegantemente diseñado. Vean pues: www.ratadeatar.blogspot.com.

La primera edición electrónica de “AtaralaratA” contiene los textos del primer número de la revista impresa, el cual fue publicado en abril del año 2004 con una tapa dedicada a Julio Cortázar, el inspirador mayor de esta revista cochabambina que tiene ya lectores más allá de estos andes. Casualmente el pasado 12 de febrero hemos recordado 24 años de la muerte de Cortázar en París, una muerte que fue una paradoja, casi un palíndromo.

Ese primer número de “AtaralaratA” se engalana con un texto firmado por Saúl Yurkievich, quien conoció en el exilio al maestro Cortázar a fines de los sesenta, cuando “Rayuela” comenzaba a gestarse en las calles de París.
En una de las tantas entrevistas otorgadas por Yurkievich, el albacea de Cortázar recordaba lo siguiente sobre la personalidad del creador de las famas y los cronopios:

“Él tenía una gran frescura, una pureza de niño, una gran capacidad de asombro. Era capaz de abrir un mapa y señalar a ciegas un punto con el índice y elegir de esa manera el sitio donde caminar, también era su forma de salir de los recorridos habituales, o bien utilizaba el I Ching, o alguien elegía por él, porque creía mucho en las fuerzas extrañas, llámese magnetismo, tropismo. Era muy lúdico, tenía una libertad extraordinaria. Caminábamos mucho París, veíamos exposiciones, teatros. El era algo así como un explorador urbano, un montañista del cemento…”.

El primer número impreso de “AtaralaratA” se agotó a muy pocos días de su publicación y conozco a varios coleccionistas de esta revista que carecen de tal ejemplar. Escuché decir a alguien que da su reino por obtener uno. No es para tanto, entren al blog. Allí está, entre otros, además del escrito de Yurkievich sobre la obra de Cortázar, un enjundioso ensayo de Cachín Antezana acerca de la filosofía y literatura latinoamericanas; una síntesis de entrevistas diversas que sostuvo Lezama Lima en las vísperas de su inmortalidad; así como un editorial firmado por el propio Coco Mayorga en torno a las palabras, esas que “nadan en las aguas negras del deseo y de la memoria. Celebratorias y ruinosas, de vez en vez, nos salvan del silencio y nos ahondan en la desdicha”.

Entre aquella deleitosa lectura hallamos una que nos motiva hoy abordar la “coyuntura”: La escribió Jorge Komadina bajo el título de “Una fenomenología de las (falsas) rubias”, sugiriendo que la “blonditud”, en tanto catalizador étnico e ideológico para ocupar un lugar de estrella en Hollywood, bien pudo ser parte de una estrategia comercial de los fabricantes de peróxido, esa sustancia química que se usa por igual para teñir el cabello y fabricar armas explosivas.

Se dice que Marylin Monroe (ver fotos), el espécimen supremo del “blond power”, no era rubia como no lo es hoy tampoco Madonna. No en vano Julio Jaramillo, citado por Komadina, cantaba un vals peruano celebrando “el color azabache de tu blonda cabellera”.


“Las rubias verdaderas son tan raras como las trufas negras” —escribió Komadina en uno de los más brillantes párrafos de su ensayo—. “Algunos expertos en ‘blonditud’ (presento mis excusas por este neologismo) como Michel Sones y Joanna Pitman estiman que las rubias auténticas no sobrepasan el 5% de la población mundial; por el contrario, según estos autores, más de un tercio de las mujeres norteamericanas tiñen de rubio sus cabellos. ‘Parece que las rubias escasean por estos pagos’ dice el King Kong de Cabrera Infante. Sea como fuere, este detalle es poco relevante: el don genético puede ser sustituido por una técnica corporal aprendida.

El dominio de esta hexis corporal involucra una manera de desplazarse (las rubias no caminan, se desplazan), de hablar, de mirar y, ciertamente, de seducir. Maneras de habitar el cuerpo, en suma, que son interiorizadas hasta tal punto que parecen automáticas y ‘naturales’. Tal vez por ello no me parece una extravagancia que en Estados Unidos existan escuelas donde se aprende el arte de ser rubia. Madonna, otra de las célebres (falsas) rubias, lo dijo mejor que nadie: ‘Ser rubia es un estado de ánimo...el artificio de ser rubia tiene una increíble connotación sexual’”.

Ahora se dice que Barak Obama, quien va pisando los umbrales de la Casa Blanca a paso firme y sin cuti-vueltas que dar, es el “Kennedy negro”. ¿Y dónde estará la Marylin Monroe libre de peróxido?

(Ver el texto de Jorge Komadina en el siguiente link: http://ratadeatar.blogspot.com/search/label/Jorge%20Komadina).
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