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OPINION | HONDURAS | FECHA DE PUBLICACION: 13/05/2008
El triunfo de los fiscales en huelga
 
Ya habrá tiempo de escribir como surgió la idea de los cuatro fiscales de
iniciar el 7 de abril una huelga de hambre indefinida. Lo urgente ahora, a
33 días, es confirmar que el éxito de ese movimiento social se consolida en la misma medida en que la cleptocracia política y empresarial se niega a suspender de sus cargos al Fiscal General y su Adjunto.

Por
Manuel Torres Calderón
(Prensa Sin Censura (PSC-HN))
Si esa clase política que tiene como figura nominal al Presidente del Congreso
Nacional hubiera accedido a las demandas iniciales, le habría ganado la
batalla a los fiscales. Además de venderse como demócratas hubieran estado
en condiciones para proteger a sus padrinos de cualquier investigación o
auditoría. La impunidad se basa
en el sistema, no descansa en una institución en particular.



En los primeros días los fiscales estaban tan solos que daba miedo pasear
por los bajos del Palacio Legislativo, casi asustaban los fantasmas de
arriba. Nada de multitudes, cantos, cánticos, firmas, cámaras, luces,
carpas, mantas o transmisiones de televisión en vivo.



Eso sí, Sandra Maribel Sánchez empezaba su histórica cobertura a través del
noticiero que dirige en Radio Globo, una piedra muy molesta en el zapato de
la censura. Por lo demás, no había reflectores y el país despertaba cada
mañana en su escepticismo de
siempre.



Eran, íngrimos, los fiscales en huelga de hambre, acompañados de personal
del Equipo de Reflexión y Acción (ERIC) de los jesuitas –que en pareja se
relevaban en el ayuno cada dos o tres días- y los vigilantes del Congreso
Nacional. Lejos estaba Micheletti, en la tosquedad de su pensamiento, en
percibir lo que se le venía encima.



Lo primero que hizo, típico de su carácter y falta de visión, fue minimizar
y hasta despreciar la huelga y su resistencia. De su corte seguramente le
decían al oído "quién se creerá que son esos Víctor Fernández o Jari Dixon".
Nadie daba un cinco por ellos, mucho menos Rosa Bautista.




Probablemente tampoco los fiscales alimentaban muchas expectativas, pese a
que la corrupción venía siendo identificada como una de las tres
preocupaciones principales de la sociedad hondureña, superada apenas por el
coste de la vida y la delincuencia (Banco Mundial, 2001).



El asunto es que la batalla era desigual, y sigue siendo desigual, en todos
los sentidos del término. De un lado el Estado y los llamados "poderes
fácticos", con todo su poder coercitivo, represivo, pragmático y mediático;
y, por otro, un pequeño grupo ciudadano,
persuasivo, dialogante, utópico y apenas dotado de voz y ejemplo. Ni
siquiera un megáfono había en la carpa original de los huelguistas.



Aquella soledad, sin embargo, comenzó a ser rota por inesperados
acompañantes. Un grupo de jóvenes, clase media, sin filiación política, sin
ninguna sigla de por medio, pero con voluntad, valor y compromiso se

adelantaron a sus padres, se asomaron a la carpa y casi pidieron permiso
para ser solidarios. Esa primera vez durmieron
todos, como pudieron, cerca de los fiscales. Luego, una del grupo, Mariana
Díaz, consiguió su carpa, consiguió colchoneta y sábanas, y empezó su ayuno
prolongado. Los demás asumieron otras tareas. Después llegó otra marea de
jóvenes, activos e ilusionados con este aliento de los años 70 que lograron
rescatar de la historia.




La incredulidad social comenzó a disiparse. Se entendió que los fiscales no
tenían intención de suicidarse. El suicidio es un acto breve e irreversible
mientras la huelga de hambre permite una presión graduada, y que suele ser
un recurso último, después de haber usado muchos otros medios de lucha no
violenta.[1] El objetivo general planteado por los fiscales era de interés
general; no privado. Se trataba de un grupo de jóvenes, quizá el promedio de
edad sea de 35 años (Víctor tiene 32), que habiendo agotado todos los
procedimientos internos posibles para enmendar el rumbo del Ministerio
Público,



decidieron reclamar lo que en este país son intangibles: dignidad y
justicia. Se trataba de una acción política, no politizada como sostienen
sus detractores. Política puesto que se enfrentaba a un Estado secuestrado,
capturado, con técnicas difíciles de penalizar con el marco jurídico
vigente.




La breve historia del Ministerio Público (1994) confirma como la mayor parte
de la institucionalidad pública con atribuciones de investigación,
fiscalización y juzgamiento, se desnaturalizó para satisfacer intereses
políticos o económicos particulares, afectando
el cumplimiento de responsabilidades públicas de interés colectivo.




Los fiscales en huelga saben perfectamente bien que el Ministerio Público
que reclaman, hace tiempo dejó de existir, ejecutado con el tiro de gracia
de las cartas de libertad a favor de políticos corruptos y por la
manipulación artera e ilegal de su ley por parte de las cúpulas del Congreso
Nacional, sin distingo de partidos políticos dominantes.



Quienes menospreciando a los fiscales los califican de "ingenuos" o
"incautos" carecen, deliberadamente, de razón. De hecho, su huelga de hambre
no fue en última instancia para convocar al Congreso Nacional a negociar,
sino para movilizar a la opinión pública, despertarla de su letargo, y crear
una nueva relación de fuerza entre la ciudadanía y el Estado.



En ese sentido, la legitimación popular de su huelga –cualquiera sea su
desenlace- ya le dio la victoria histórica. Es posible que Honduras no sea
la misma después de estos días, aunque el Estado y la política sigan bajo el
poder de unos cuantos. El espejo que se rompió fue el de la complicidad
pasiva de la ciudadanía con la corrupción; esa cohabitación vergonzante que
se construye desde hace años, con cada nuevo escándalo que al quedar impune
desalentaba a los honestos. Es posible que cuando la huelga termine los
grupos de siempre rehagan el espejo de su institucionalidad descubierta,
pero no podrán ocultar las huellas de la fractura. Micheletti seguramente
recibirá su voto
de castigo, aunque otros de igual ralea saldrán beneficiados, Rosa Bautista
y Cerna no soñarán con ser reelectos y quizá la ciudadanía se organice y
presione por despolitizar la elección de los nuevos fiscales y magistrados
del Tribunal Superior de Cuentas y la Corte Suprema de Justicia. Las figuras
cuentan a la hora de las reformas y no se puede repetir el abandono o la
desidia ciudadana que propicio la destrucción de la credibilidad del
Comisionado Nacional de los Derechos Humanos y del Instituto de Acceso a la
Información Pública.




Esta huelga de hambre ha sido tan inhumanamente prolongada que ha permitido
a la sociedad hacerse muchas preguntas y encontrar respuestas. Todavía es
temprano para evaluar los resultados de un movimiento que aún persiste.


Habrá que esperar para saber que opina la feligresía católica del papel de
su Cardenal, que abandonó a sus sacerdotes en huelga; o de la grey
evangélica que ve en campos pagados del Congreso Nacional el retrato de uno
de sus pastores en abierto enfrentamiento con otras iglesias que se
comprometieron a favor de la justicia o saber que dirán las bases de la
Coordinadora
Nacional de Resistencia y los gremios magisteriales ante la terrible
tardanza con que la mayoría de sus dirigentes asumieron su solidaridad
activa en esta coyuntura o de los sindicalistas frente a la pasividad
cómplice de quienes manipulan las centrales obreras o de la misma opinión
pública que deberá juzgar la incomprensión, falta de valentía para apelar a
la objeción de conciencia o el comportamiento cínico y vendido de muchos
periodistas y medios de comunicación o del G-16 (países cooperantes) que
invierten tantos y tantos millones de dólares en promover la "seguridad
jurídica" para terminar
exhibiendo – con honrosas excepciones - una pasividad extrema o la
complicidad descarada, como ocurrió en el caso de un diplomático de cuyo
nombre nadie se quiere acordar.




Habrá que analizar también los efectos sobre el Estado y toda la
institucionalidad encargada de la lucha contra la corrupción, participe del
colapso ético de la administración pública. Más de un mes después de que
iniciaron su martirio, los fiscales
deben saber que ganaron esta lucha. No sólo sensibilizaron a la opinión
pública para combatir la corrupción sino que le mostraron que el camino para
lograrlo se basa en la diversidad de esfuerzos. Allí en La Plaza de La
Merced se ha visto lo impensable, desde feligreses de la Iglesia Vida
Abundante trabajando en conjunto con los indígenas del COPINH hasta
funcionarios de organismos públicos e incluso una diputada colocando sus
carpas para no ingerir alimentos. Sólo movilizar en esta lucha a la clase
media, tan individualizada por el modelo neoliberal, es un logro
significativo.




La sociedad hondureña no se asoma a las carpas para ver morir lentamente a
los fiscales y el resto de huelguistas sino para confirmar la insensibilidad
de la clase política reinante y su desprecio a la vida de los otros.




Bajo esas condiciones, las convicciones éticas y motivaciones de los
huelguistas ya están a salvo de las dentelladas mediáticas del poder. Los
perdedores son otros, aunque todavía tienen la oportunidad de una
rectificación histórica. Cumplir con las demandas de los huelguistas de
hambre no debe ser considerado por el Congreso Nacional y los dirigentes de
los partidos políticos una debilidad del Estado, al contrario; es darle la
razón a la razón. Lo peor que podrían hacer es cavar su propia tumba sumando
la represión a su obstinación. Así empezó todo en Ecuador. La gente no
exigía la salida de los diputados, sino del Presidente, por corrupto e
ineficiente, pero al final terminó gritando: "¡mejor que se vayan todos!".

....................
[1] Huelga de hambre y ayuno, reflexiones del Equipo Buenos Aires del Serpaj, 2001
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